ADEE reclama la garantía efectiva de los Derechos Humanos en su 77.º aniversario y alerta de barreras que siguen dejando fuera a muchas personas
Con motivo del Día Internacional de los Derechos Humanos, ADEE recuerda que estos derechos no pueden darse por garantizados mientras haya personas que siguen encontrando barreras para estudiar, trabajar, recibir una atención sanitaria adecuada, desplazarse con normalidad, acceder a la información, participar en su entorno o desarrollar un proyecto de vida propio. Setenta y siete años después de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, su espíritu sigue pendiente para muchas personas con acondroplasia y otras displasias esqueléticas.
Derechos humanos que no llegan a la vida diaria
La Declaración Universal establece algo tan sencillo como esencial: todas las personas nacen libres e iguales en dignidad y derechos. Sin embargo, la vida cotidiana de muchas familias dista mucho de reflejar este principio.
En el ámbito sanitario persisten dificultades que vulneran derechos básicos: falta de formación específica en los profesionales, recorridos asistenciales que no contemplan las necesidades específicas y clínicas de estas personas, decisiones médicas que no se toman contando con ellas y situaciones que comprometen el derecho a recibir una atención adecuada y al trato respetuoso.
También se encuentran obstáculos en el acceso a espacios, servicios y transporte. Muchos entornos continúan diseñándose sin tener en cuenta todas las estaturas ni proporciones corporales, lo que impide desplazarse con independencia y limita derechos como la movilidad, la seguridad o la participación en la vida social.
La educación y el empleo siguen mostrando desigualdades. No siempre se aplican los ajustes razonables necesarios, existen prejuicios que condicionan las oportunidades y todavía se confunde “trato igual” con “trato en igualdad de condiciones”. Esto afecta de manera directa a la posibilidad de estudiar, trabajar, progresar profesionalmente y sostener una vida autónoma.
A estas barreras se suman actitudes sociales que generan infantilización, estigma, ridiculización o incluso acoso. Todo ello vulnera el derecho a la integridad personal, a la protección frente a tratos degradantes, a la vida privada, a la propia imagen y al disfrute de la comunidad en igualdad de condiciones.
Incluso ámbitos menos visibles, como el acceso a la información, la posibilidad de participar en actividades culturales y deportivas, o la libertad para decidir sobre la propia vida familiar y afectiva, pueden verse condicionados por barreras y prejuicios que no deberían existir.
Garantizar derechos es una obligación
La Declaración Universal no es un documento histórico ni una declaración de buenas intenciones: establece compromisos claros. Reconoce el derecho al bienestar, a la educación, al trabajo, a la salud, a la protección social, a ser parte de la comunidad, a la libertad de movimiento, a la igualdad ante la ley y a no sufrir ningún tipo de discriminación.
La Convención de Naciones Unidas sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad insiste además en que estos derechos deben garantizarse mediante políticas, apoyos y entornos accesibles que permitan a cada persona vivir como decida, participar, contribuir y desarrollarse de forma plena.
Pero estos derechos solo se cumplen si se trasladan a la práctica en los centros educativos, en los servicios sanitarios, en la administración pública, en las empresas, en el mundo cultural y deportivo, y en cualquier ámbito donde se desarrolla la vida diaria.
ADEE recuerda que, si una persona no puede acudir a una consulta médica en condiciones, si no puede trabajar porque el entorno no se adapta, si su opinión no se tiene en cuenta en decisiones que afectan a su discapacidad o a su vida, o si no puede disfrutar del espacio público en igualdad de condiciones, sus derechos no se están respetando.
Lo que ADEE pide en este 10 de diciembre
ADEE reclama una atención sanitaria adecuada, con profesionales formados y con circuitos claros que eviten desigualdades. Pide que la accesibilidad esté presente en todos los espacios y servicios, y que no dependa de la voluntad individual de quien presta un servicio, sino de una obligación del sistema.
La asociación insiste en la importancia de garantizar una educación que incluya, un empleo que ofrezca oportunidades , unos servicios públicos que traten a todas las personas con respeto, una administración que tenga en cuenta sus necesidades y una sociedad que no reproduzca estereotipos.
Tal y como señala ADEE, los derechos humanos solo avanzan si las instituciones asumen su responsabilidad y si la sociedad deja de normalizar barreras que nunca deberían haberse dado por válidas.
Sin derechos garantizados no hay igualdad
ADEE pide que administraciones, servicios públicos, empresas y medios se comprometan con un cambio que no dependa del voluntarismo, sino del cumplimiento del derecho. La igualdad exige medidas claras, accesibilidad en todos los ámbitos, apoyos cuando sean necesarios y respeto a la autonomía de cada persona.
Sobre ADEE
ADEE es una asociación estatal que acompaña y representa a personas con acondroplasia y otras displasias esqueléticas. Trabaja en la defensa de derechos, la accesibilidad, el apoyo a familias y la sensibilización social. Forma parte del movimiento de la discapacidad y colabora con entidades del sector para avanzar hacia una sociedad sin barreras y con igualdad para todas las personas.

