Los grupos de ayuda mutua ADEE se han convertido en una de las iniciativas más valiosas para la comunidad de personas con acondroplasia y otras displasias esqueléticas. Lo que comenzó como encuentros modestos entre iguales, en colaboración con COCEMFE, ha demostrado ser mucho más que un espacio puntual: son un recurso imprescindible de apoyo psicosocial y acompañamiento emocional.
Encuentros quincenales y gratuitos para las personas socias
La Junta Directiva de ADEE ha decidido dar un paso firme y garantizar que los grupos tengan vida propia dentro de la asociación. A partir de ahora, se celebrarán de manera quincenal durante todo el año y serán totalmente gratuitos para las personas socias.
Estos encuentros no solo ofrecen apoyo emocional: también rompen el aislamiento y ayudan a afrontar la soledad no deseada, el dolor crónico y otras realidades invisibles que van más allá de la talla baja desproporcionada, el signo clínico más evidente de estas condiciones.
Mucho más que un encuentro
En los grupos de ayuda mutua se comparte lo que habitualmente queda en silencio: la incomprensión social, la sobrecarga emocional, la fatiga diaria. Allí, cada persona encuentra un lugar donde hablar de lo nuestro, reconocerse en la voz de otros y construir estrategias colectivas para afrontar la vida con más fuerza y resiliencia.
Reconocimiento al voluntariado
La consolidación de esta iniciativa no habría sido posible sin el compromiso de María Jesús Ibáñez, cuya labor voluntaria ha sido decisiva para dinamizar las sesiones y crear un clima de confianza y acompañamiento. La Junta Directiva de ADEE ha querido expresar públicamente su agradecimiento por su entrega y generosidad.
Un compromiso a largo plazo
Con esta decisión, ADEE reafirma su condición de asociación de pacientes de referencia en acondroplasia y displasias esqueléticas, apostando no solo por la defensa de derechos y la visibilidad social, sino también por el bienestar emocional y el apoyo psicosocial de las personas afectadas.
Los grupos de ayuda mutua ADEE han llegado para quedarse. Porque compartir el dolor lo hace más llevadero, la soledad se disipa en comunidad y la palabra compartida devuelve la certeza de que nadie está solo en este camino.

