Por Carolina Puente
16 de julio de 2025
En los últimos días, la opinión pública ha puesto el foco en un hecho concreto: la contratación de personas con displasias esqueléticas como parte del entretenimiento en la fiesta de 18 años del futbolista Lamine Yamal. Aunque el episodio pueda parecer anecdótico, lo que revela es mucho más profundo: cómo persisten, bajo formas normalizadas, prácticas culturales que cosifican a determinados cuerpos, perpetúan estereotipos y condicionan trayectorias de vida.
🔔 ¿Te interesa estar al día sobre nuestro día a día?
Desde la Asociación de Personas con Acondroplasia y otras Displasias Esqueléticas (ADEE), hemos recibido decenas de preguntas por parte de medios, ciudadanía, profesionales del espectáculo, personas del propio colectivo y juristas. Hemos escuchado desde la duda honesta hasta la defensa acrítica del statu quo.
Por eso, lanzamos este documento de preguntas frecuentes: no para alimentar la polémica, sino para convertirla en una oportunidad de comprensión, justicia y progreso social.
Este no es el primer posicionamiento de ADEE. Hace unos meses, en colaboración con COCEMFE, elaboramos un argumentario específico sobre los espectáculos taurinos denigrantes. Además, en el Día Internacional de las Personas con Acondroplasia y otras Displasias Esqueléticas pusimos en marcha la campaña de sensibilización “Los Bufones de Velázquez”, que denunciaba la instrumentalización histórica y contemporánea de las personas con acondroplasia como recurso de burla. Lo hicimos entonces, y lo hacemos hoy, por coherencia ética: porque la dignidad no es una consigna, es un principio irrenunciable.
¿Por qué esta polémica es relevante?
Porque no es solo una fiesta: es una expresión cultural que refleja una realidad estructural.
Lo sucedido con la celebración del futbolista Lamine Yamal —la contratación de personas con displasias esqueléticas como parte del entretenimiento— ha abierto un debate urgente y necesario. No se trata de un hecho aislado, sino del síntoma visible de una lógica social que aún considera legítimo convertir la diferencia corporal en espectáculo.
Estas prácticas tienen consecuencias profundas y persistentes:
-
Refuerzan estereotipos sociales: Cada vez que se legitima la figura de una persona con acondroplasia como recurso cómico o decorativo, se alimenta un imaginario colectivo que reduce a todo el colectivo a ese rol. No se ve a una persona, se reafirma un cliché.
-
Dificultan la inclusión laboral y educativa: Quienes crecen viendo su cuerpo representado siempre desde la burla, o ven que las únicas salidas laborales visibles son las que reproducen el estigma, tienen más difícil acceder a entornos profesionales, educativos o culturales con igualdad de condiciones.
-
Afectan a la autoestima y a la autonomía: La repetición de estos modelos deteriora el autoconcepto de muchas personas con displasias esqueléticas, especialmente en edades tempranas. La exposición pública como burla puede dejar huellas profundas en la identidad y en las expectativas de vida.
-
Condicionan el tipo de oportunidades disponibles: Si el mercado laboral solo visibiliza una vía —la de la diferencia como espectáculo—, se restringe la libertad de elección. No hay verdadera libertad sin alternativas reales, dignas y variadas.
-
Normalizan la desigualdad: Cuando estas situaciones se presentan como “algo normal”, “tradicional” o “divertido”, se desactiva el sentido crítico social. Se entrena a la sociedad para no ver la discriminación, aunque esté frente a sus ojos.
Por todo ello, esta polémica no debe entenderse como una anécdota ni como una reacción exagerada. Es un momento de alta visibilidad que revela los restos activos de una cultura que sigue cosificando a las personas con cuerpos no normativos.
Desde ADEE creemos que este tipo de situaciones deben ser aprovechadas para transformar el debate público en conciencia estructural. No para buscar culpables individuales, sino para identificar y modificar las condiciones sociales que permiten que esto siga ocurriendo.
¿Qué denuncia ADEE exactamente?
- Denunciamos que todavía hoy, en pleno siglo XXI, se recurra a la diferencia física como recurso cómico, decorativo o espectacular.
Denunciamos que muchas personas sean contratadas no por lo que saben hacer, sino por lo que representan en el imaginario colectivo. - Denunciamos que se oculte bajo la apariencia de “libertad” lo que, en realidad, es fruto de un sistema de oportunidades profundamente desigual.
Y lo hacemos no para culpabilizar a nadie, sino para construir un modelo social donde la inclusión no dependa de la burla, y el empleo no esté condicionado por la forma del cuerpo.
¿Por qué no os pronunciasteis cuando ocurrió algo parecido hace años?
Porque ADEE no existía en aquel momento. La asociación nació en 2021, impulsada por la necesidad urgente de generar una voz colectiva, organizada y sólida que defendiera los derechos, la representación y la dignidad de las personas con acondroplasia y otras displasias esqueléticas.
Hasta entonces, no existía en España una entidad centrada específicamente en estas cuestiones con una agenda pública activa. Por eso, muchos episodios previos pasaron sin una respuesta estructurada desde el propio colectivo. De hecho, esa carencia fue uno de los principales motores que impulsaron la creación de ADEE.
Además, es importante destacar que somos una asociación sin ánimo de lucro, cuyos órganos de gobierno no reciben remuneración alguna y donde no contamos, por el momento, con personal contratado. Todo el trabajo —desde el acompañamiento individual a las personas del colectivo hasta la elaboración de posicionamientos y campañas públicas— lo realizamos desde el compromiso voluntario, ético y profesional de las personas que conformamos la junta directiva.
Esperamos, eso sí, que en el futuro podamos reforzar la entidad con recursos y personal técnico que nos permita ampliar nuestra capacidad de respuesta, intervención y transformación social. Ese es nuestro horizonte: crecer para representar mejor.
¿Pero no lo hacen porque quieren? ¿Dónde queda la libertad individual?
La libertad individual es un pilar básico en cualquier sociedad democrática. Pero para que sea auténtica, no puede reducirse a la mera capacidad de decir “sí” o “no” en un contexto vacío. La libertad no es una abstracción neutra: necesita condiciones materiales, sociales y culturales que la hagan posible.
Aceptar un trabajo degradante no es siempre una elección libre. A veces es la única salida. Si a una persona con acondroplasia solo se le ofrecen empleos ligados al estigma o la caricatura, su “decisión” no es una muestra de libertad, sino una adaptación forzada a una realidad desigual.
La verdadera libertad exige poder elegir entre múltiples caminos dignos. Requiere que el entorno permita, de forma real, desarrollar un proyecto de vida sin que la diferencia corporal marque o limite las oportunidades.
Desde ADEE no juzgamos a quienes participan en estos espectáculos. Sabemos que muchos lo hacen con convicción, otros con resignación, y muchos por necesidad. Pero denunciar un sistema que limita las salidas no es atacar a las personas: es defender su derecho a vivir en plenitud.
Una sociedad justa no es la que dice “cada cual es libre de hacer lo que quiera”, sino la que garantiza que esa libertad esté respaldada por igualdad de oportunidades, respeto social y condiciones reales de elección.
Porque consentir en un entorno desigual no es libertad: es supervivencia.
¿No lo hacen porque quieren? ¿Dónde queda la libertad individual?
El problema no es la libertad en sí, sino el contexto en el que se ejerce. La libertad individual solo puede ser auténtica cuando existen alternativas reales, no cuando la necesidad o el prejuicio social estrechan las opciones hasta que lo disponible ya no es libre elección, sino resignación.
Cuando el mercado laboral ofrece a las personas con displasias esqueléticas un abanico de posibilidades tan limitado que solo parece haber espacio en espectáculos degradantes, esa libertad está profundamente condicionada. No señalamos a quien acepta esos trabajos: señalamos el sistema que los ofrece como única vía visible.
La verdadera libertad no es poder elegir entre el estigma y la invisibilidad, sino entre opciones igualmente dignas.
¿Entonces ADEE prohíbe o impone qué trabajos deben hacer?
ADEE no prohíbe absolutamente nada. No tenemos autoridad ni voluntad de dirigir la vida de ninguna persona del colectivo. Nuestro compromiso es otro: transformar las estructuras que obligan a elegir entre el estereotipo o el silencio.
Luchamos por abrir caminos. No excluimos, incluimos. Queremos que alguien con acondroplasia pueda ser actor, humorista, profesora, científica o diseñadora, y que su elección no esté determinada por lo que su cuerpo representa en el imaginario colectivo, sino por lo que ella es y desea ser.
Lo que cuestionamos es el sistema que ofrece una única narrativa para la diferencia física. Y eso no se combate prohibiendo personas, sino abriendo oportunidades.
¿Entonces defendéis prohibir este tipo de espectáculos?
Sí, cuando ese espectáculo convierte la diferencia física en un objeto de mofa o de burla. No porque no haya libertad, sino porque la libertad también tiene límites cuando atenta contra la dignidad de un grupo social históricamente oprimido.
Proteger la integridad no es censura, es responsabilidad democrática. En una sociedad que se dice inclusiva, no puede financiarse ni legitimarse una práctica que reduce a personas a caricaturas.
No estamos hablando de prohibir el arte o el humor, sino de no permitir que se disfrace de cultura lo que en realidad es reproducción de violencia simbólica.
El Estado, y las instituciones, tienen la obligación de no contribuir a la reproducción de estereotipos que dañan. Y eso implica trazar líneas éticas: cuando una práctica refuerza el prejuicio y degrada colectivamente, debe cesar.
¿No demuestra Peter Dinklage que se puede triunfar y ser libre en el arte?
Peter Dinklage es una referencia importantísima, pero no es la norma: es la excepción. Su caso no desmiente la discriminación; la confirma. Durante años, ha denunciado cómo la industria audiovisual ofrecía a las personas con acondroplasia papeles ridículos, humillantes o secundarios.
Él se negó a aceptar roles construidos sobre la burla y luchó para que se le valorara por su talento, no por su físico. Esa batalla le costó años de invisibilidad, pero le dio integridad y visibilidad respetuosa. Su éxito no niega la desigualdad: muestra el precio que tiene resistirse a ella.
En contraste, lo ocurrido en fiestas como la del futbolista Lamine Yamal refleja el modelo opuesto: personas contratadas como parte del atrezzo, sin reconocimiento artístico ni profesional, como recurso visual. No se les llamó por lo que sabían hacer, sino por lo que representaban en el imaginario.
La diferencia entre Dinklage y esas contrataciones es exactamente el núcleo de este debate: el primero fue reconocido como sujeto; los segundos, utilizados como objeto.
Nuestro objetivo no es eliminar el arte ni la risa, sino asegurar que ambas cosas no se construyan sobre la degradación de un grupo humano.
¿No se está exagerando al decir que esto afecta al conjunto del colectivo?
No. Lo que se presenta como un “caso puntual” forma parte de un patrón social más amplio. La imagen que proyectan los medios, los eventos o el espectáculo construye imaginarios colectivos. Cuando una persona con displasias esqueléticas aparece repetidamente en un contexto que refuerza el estigma (como burla o recurso visual), se activa un proceso de generalización: el espectador medio ya no ve a un individuo, ve a un estereotipo.
Esto no solo deteriora la autoestima de las personas afectadas directamente, sino que condiciona su acceso a empleo, educación, representación política, relaciones sociales y credibilidad profesional. El prejuicio no nace de lo privado, nace de lo que se normaliza públicamente.
No es exageración, es experiencia social acumulada. Y negarlo es perpetuar el daño.
¿Cuál es el papel de los medios y organizadores de eventos en todo esto?
Los medios y promotores culturales son agentes de construcción de realidad social. No solo reflejan el mundo: lo moldean. Seleccionan qué historias merecen contarse, cómo se cuentan y desde qué mirada.
Cuando los medios o los organizadores recurren a la diferencia física como reclamo —aunque sea con aparente neutralidad—, contribuyen activamente a mantener una mirada desigual sobre el colectivo. No se trata de censura, sino de ética pública: ¿qué representación estamos fomentando?, ¿qué efectos produce?, ¿a quién legitima y a quién excluye?
¿Entonces no pueden salir en la tele, en el teatro, en las fiestas?
Claro que sí. Pero no en cualquier condición, ni para cualquier papel. La participación cultural no puede convertirse en permiso para la cosificación. No es un problema de visibilidad, sino de sentido: ¿cómo se les muestra?, ¿qué papel se les asigna?, ¿qué función simbólica cumplen en la escena?
Desde ADEE defendemos la presencia de personas con displasias esqueléticas en todos los espacios de la vida cultural: como artistas, intérpretes, creadores, referentes o humoristas, siempre que su rol esté basado en el reconocimiento del talento, y no en la explotación de su diferencia física.
El arte no está reñido con la ética. La cultura solo es inclusiva si no perpetúa la desigualdad.
¿Tenéis campañas que visibilicen esto de forma pública?
Sí. En colaboración con Rosas lanzamos la campaña “Los Bufones de Velázquez”, una iniciativa de sensibilización que denuncia sin ambigüedades el uso histórico —y todavía vigente— de los cuerpos con displasias esqueléticas como objeto de burla o exotismo.
La campaña interpela directamente a la ciudadanía, a los poderes públicos y al mundo del espectáculo, y se inspira en la historia de exclusión que durante siglos ha marcado la representación de este colectivo. Es un grito cultural y político para que este sea, por fin, el siglo del respeto.
¿Qué alternativas ofrece ADEE a quienes quieren trabajar en otros sectores?
Desde ADEE —como parte de la red estatal de COCEMFE— ponemos a disposición de las personas con displasias esqueléticas una estructura sólida de oportunidades laborales dignas.
Y además, a través de nuestras alianzas, las personas pueden acceder a un programa estatal que impulsa la inclusión laboral y la autonomía a través de formación, empleo y acompañamiento individualizado.
Es decir: sí existen alternativas. Lo difícil no es acceder al espectáculo; lo difícil, hoy, sigue siendo ser ingeniera, docente, fotógrafa, técnica de laboratorio o gestora cultural si tu cuerpo no encaja en el molde social dominante. Ahí es donde ADEE quiere estar.
¿Cómo sé si puedo acceder a esos programas?
Muy fácil: cualquier persona con acondroplasia u otra displasia esquelética puede ponerse en contacto con ADEE. Lo primero que encontrará es escucha, respeto y orientación personalizada.
Trabajamos con personas que están en búsqueda activa de empleo, que quieren reorientar su carrera, que buscan nuevas metas o que simplemente no quieren resignarse a una única narrativa sobre sus vidas.
¿Qué papel juegan los medios de comunicación en este debate?
Uno esencial. Los medios no solo narran la realidad: la moldean. Deciden qué cuerpos mostrar, cómo mostrarlos y con qué narrativa. Cuando una persona con displasia esquelética aparece solo como recurso cómico o decorativo, se refuerza una imagen colectiva que perpetúa el estigma.
Por eso, ADEE no se limita a denunciar malas prácticas: trabaja con medios que quieren hacerlo bien. Hemos desarrollado —en colaboración con profesionales del ámbito jurídico, ético, sanitario y comunicativo— un manual de buenas prácticas comunicativas, que ofrecemos gratuitamente a periodistas, redactores y creadores de contenido.
Informar no es solo transmitir datos: es crear mirada social. Y esa mirada debe ser justa, responsable y transformadora.
¿Qué pueden hacer las empresas, los medios y la ciudadanía?
Mucho más de lo que parece. Algunas acciones sencillas y potentes:
- Escuchar sin prejuicios. A las personas afectadas, a las organizaciones, a quienes han vivido el estigma desde dentro.
- Formarse. Entender que el respeto no es una opinión, sino una responsabilidad activa.
- Colaborar. Contratar con criterios inclusivos, visibilizar sin paternalismo, ofrecer oportunidades reales.
- Cuidar el lenguaje. Lo que decimos crea mundo: cada palabra que cosifica, reduce; cada palabra que dignifica, abre futuro.
La ciudadanía también es agente de cambio. No se trata solo de no participar en prácticas cosificadoras, sino de ser aliadas en la creación de una cultura más justa , ¿quieres ser una empresa inclusiva?
¿Qué esperáis que cambie con todo este debate?
Esperamos que el caso mediático se transforme en conciencia social.
Que no quede reducido a una anécdota, sino que abra un debate profundo, sostenido y serio sobre:
- La responsabilidad de figuras públicas.
- La libertad como posibilidad real, no como coartada.
- La necesidad de multiplicar los espacios de inclusión real.
- La urgencia de revisar nuestras prácticas culturales, laborales y mediáticas.
Y sobre todo, que la próxima vez que una persona con displasia esquelética aparezca en la esfera pública, no sea como objeto de espectáculo, sino como protagonista de su vida, de su profesión, de su historia.
¿Qué posición final quiere transmitir ADEE?
Desde ADEE, no aspiramos a cerrar este debate, sino a abrirlo con profundidad, rigor y conciencia. Lo sucedido no es solo un episodio aislado: es el síntoma de una estructura social que sigue permitiendo que la diferencia física sea tratada como entretenimiento o recurso cómico.
El verdadero problema no es la fiesta de una figura pública, sino el modelo de representación social que se reproduce:
- Cuando se asocia la discapacidad a la mofa,
- Cuando se confunde libertad con estigma socialmente legitimado,
- Cuando la única salida laboral posible es la autoparodia.
Y por eso afirmamos:
- Que el respeto no es negociable.
- Que la libertad, sin alternativas, no es libertad: es una coartada para perpetuar la desigualdad.
- Que el derecho al trabajo digno, reconocido en nuestra Constitución y en tratados internacionales, no se cumple cuando el acceso laboral está marcado por el estereotipo.
- Que no estamos ante una anécdota: estamos ante un problema estructural de derechos humanos.
¿Y qué políticas públicas exige esta situación?
Esta situación exige pasar de la denuncia simbólica al compromiso legislativo. Desde ADEE, reclamamos a las administraciones públicas:
- Que se apliquen de forma plena y efectiva todos los artículos de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad
- Que se prohíban expresamente, por vía legal, todos los espectáculos públicos o privados en los que se utilice la diferencia física con fines de burla, mofa o irrisión. Esta prohibición ya figura en la reforma de la Ley General de Derechos de las Personas con Discapacidad (2023) y en el Reglamento Taurino de Andalucía (2025), pero debe extenderse a todos los contextos.
- Que se impongan sanciones proporcionales y efectivas a quienes promuevan, financien o legitimen este tipo de espectáculos, incluidos organizadores, promotores y espacios de celebración.
- Que se creen campañas institucionales de sensibilización sobre diversidad corporal, representación ética y derechos humanos, dirigidas especialmente a medios, espacios culturales, centros educativos y empresas.
- Que se refuerce el acompañamiento sociolaboral para quienes han estado atrapados en estos roles, de modo que puedan transitar hacia alternativas profesionales dignas, sostenibles y sin estigmas.
¿Qué futuro propone ADEE?
Un futuro que reconozca el derecho a una vida sin estereotipos.
Proponemos un horizonte en el que las personas con displasias esqueléticas no tengan que elegir entre el estigma y la invisibilidad. Donde puedan ser cómicas, sí, pero también cirujanas, arquitectas, juezas o técnicas de laboratorio.
Donde sus trayectorias no estén condicionadas por cómo son percibidas físicamente, sino por lo que son capaces de aportar.
Donde la libertad individual no sea una trampa social, sino una conquista colectiva.
Y donde el trabajo digno no sea un privilegio, sino una condición básica de ciudadanía plena.
¿Qué puede hacer la ciudadanía?
- Escuchar sin prejuicios.
- Difundir con responsabilidad.
- Romper estereotipos desde lo cotidiano.
- Aliarse con quienes luchan por una sociedad más justa.
- Unirse
🔗 Suscríbete a nuestras noticias para seguir construyendo conciencia → Suscríbete
🫂 Hazte socio/a y apoya nuestro trabajo → Únete
📩 ¿Tienes preguntas? ¿Te gustaría colaborar? Escríbenos → Contacto
