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8M en ADEE: mujeres y niñas con acondroplasia reclaman respeto, voz y dignidad

Campaña de ADEE por el 8M sobre mujeres y niñas con acondroplasia y otras displasias esqueléticas con enanismo

En el Día Internacional de la Mujer, desde la Asociación de Personas con Acondroplasia y otras Displasias Esqueléticas con Enanismo (ADEE) queremos visibilizar una realidad que sigue marcando la vida de muchas mujeres y niñas: la infantilización, el prejuicio, la sexualización, la deslegitimación de su palabra y otras formas de violencia cotidiana que a menudo se minimizan o se disfrazan de bromas.

Muchas mujeres con acondroplasia y otras displasias esqueléticas con enanismo siguen escuchando frases como “Ah, pero eres tú?”, “¿Vienes sola?”, “Qué mona, y encima profesional” o incluso “me llegas a la altura perfecta para…”. No son comentarios inocentes. Son expresiones que cuestionan su capacidad, su autoridad y su autonomía, y que convierten su cuerpo y su presencia en objeto de juicio, burla o acoso.

Violencia cotidiana e infantilización

Lo que muchas veces se presenta como humor, curiosidad o ayuda es, en realidad, una forma de violencia. No es ternura tratar a una mujer adulta como si fuera una niña. No es ayuda decidir por ella. No es una anécdota dudar de su capacidad antes incluso de escucharla.

Además, cuando una mujer con acondroplasia denuncia una situación de acoso, humillación o violencia y no se la cree, se la minimiza o se la invalida, se produce una discriminación aún mayor. La infantilización también opera ahí: quitando autoridad a su palabra y restando valor a su experiencia.

“El 8M también tiene que servir para visibilizar la realidad de las mujeres y niñas con acondroplasia y otras displasias esqueléticas con enanismo, que siguen enfrentándose cada día al prejuicio, a la infantilización, a la sexualización y al cuestionamiento constante de su autonomía”.

Carolina Puente, presidenta de ADEE

El impacto acumulado también necesita respuesta

Estas experiencias no se viven de forma aislada. Se acumulan desde la infancia y generan sobreesfuerzo, desgaste emocional y barreras invisibles que muchas veces ni siquiera son reconocidas. Tener talla baja desproporcionada sigue suponiendo para muchas mujeres una discriminación estructural que afecta a su bienestar, a su participación y a su ejercicio de derechos.

Por eso hacen falta más apoyos, no desde la compasión, sino desde un enfoque de derechos. Más apoyos psicosociales, educativos, comunitarios e institucionales para prevenir violencias, sostener procesos de denuncia, reforzar la autonomía y garantizar la plena participación social.

“Necesitar más apoyos no puede interpretarse desde la lástima, sino desde la justicia. Cuando una mujer está más expuesta al prejuicio, a la invalidación o a la violencia cotidiana, lo que corresponde es reforzar garantías, recursos y apoyos para que pueda ejercer sus derechos en igualdad de condiciones”.

Carolina Puente, presidenta de ADEE

También las madres cuidadoras

En esta reivindicación también queremos poner el foco en las madres, muchas de ellas cuidadoras, que sostienen el día a día de sus hijas e hijos mientras afrontan sobrecarga, desgaste y falta de apoyos. Hablar de igualdad también es hablar de cuidados, de corresponsabilidad y de recursos reales para las familias.

“También queremos reconocer a las madres cuidadoras, que afrontan una sobrecarga silenciosa y un desgaste invisible que rara vez se tiene en cuenta. La igualdad también pasa por apoyar, acompañar y no dejar estos cuidados en soledad”.

Carolina Puente, presidenta de ADEE

Una reivindicación compartida

Esta realidad forma parte de una reivindicación más amplia sobre los derechos de las mujeres y niñas con discapacidad. En este sentido, ADEE subraya la importancia del trabajo de CEMUDIS en la defensa de sus derechos y recuerda además que forma parte de COCEMFE como entidad miembro, dentro del movimiento asociativo de la discapacidad.

“No somos un chiste. No somos un fetiche. No somos eternas niñas. Somos mujeres.”

Este 8M, desde ADEE, reclamamos respeto, voz y dignidad para las mujeres y niñas con acondroplasia y otras displasias esqueléticas con enanismo, así como para tantas madres que cuidan y acompañan cada día. Porque la igualdad también pasa por reconocer su autonomía, su experiencia y su derecho a vivir sin prejuicios, sin condescendencia y sin violencia.

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